El Mundo de Sandra.

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Sandra Nèlida Pécora Argentina Mujer. Conocida tambièn como La Negra. Se cree que es un extraño personaje escapado de una novela de Garcìa Marquez. Poeta. Se la suele encontrar buscando fantasmas perdidos por Recoleta. O tratando de encontrar aquel verso perfecto en las hojas de los àrboles, en la mirada de algùn niño, en la sonrisa de algùn anciano o en el aroma de algùn pueblito perdido. Sensible, romàntica, apasionada, un poco tràgica y siempre enamorada.
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lunes, 23 de febrero de 2009

Casi poesía...Roberto Juarroz.

(4) Pensar entre dos, como si hacer el pensamiento fuera igual que hacer el amor.
(25) Ambos pusimos los ojos a la vez en un extremo del mundo, lo reconocimos y callamos. Es desde ese instante que nos conocemos.
(34) Me quedé mirando tus ojos cerrados. Y despertaste. No quiero ahora mirar tus ojos abiertos: podrías dormirte.
(44) Tu desnudez abre la mía como una palabra que abriera otra boca, no la suya.
(64) Aunque pierda mi nombre y yo no responda ya a su llamado, volveré siempre al lugar donde tú la pronunciabas.

(15) Clavar un clavo en la pared del alma, para colgar la imagen del alma.





(22) La luz, toda la luz no alcanza para ver en el fondo la imagen que aparece cuando nadie mira.






(51) ¿Con qué vamos a vestirnos? La desnudez gasta todas las prendas desde adentro. Vestidores de todo, quedaremos al fin como una fila de cuerpos sin cubrir, alineados como ciegos a lo largo de un muro. Tal vez vestido necesario estaba adentro de nosotros.


(53) Todo se comunica con algo, aunque no sepamos con qué. Hasta la flor que se abre en la noche se comunica con algo, hasta tus gestos no nacidos, hasta la mano amputada, hasta un pecho convertido en espalda, hasta la ausencia desprolija de dios, hasta las palabras que se cayeron del poema. Y si existiera, también algo completamente solo se comunicaría con algo. Y en el fondo, no importa con qué.





(69) Nadie posee nada. Para poseer algo es preciso desnudarlo, apoderarse de su centro y tener un espacio donde protegerlo. Nadie puede, para poseer una rosa, desvestirla de sus pétalos y retener su fragancia. Las manos del hombre son siempre manos vacías. Tal vez nuestro ejercicio fundamental consista en aprender a amar y escribir con las manos vacias.


(1) Me falla la memoria: recuerdo demasiado. Recuerdo por ejemplo que no era.





(54) Ya que debemos olvidarlo todo, deberíamos por lo menos una vez recordarlo todo.





(58) Los nombres que llenan nuestra vida quizás nos consuelan de todo lo sin nombre.




(83) Tener un nombre no me salva. Pero puedo volverme anónimo y delegar en mi smbra la ilusión de salvarme, aunque no sepa de qué. Tan sólo me retiene tu nombre y mi voz, esos vástagos envueltos en algo más que sombra y que no buscan ni siquiera salvarse. Tal vez la fe que aún tengo en ellos me ayudan a intentar la utopìa de cambiar los nombres de las cosas.





Roberto Juarroz.
Poesía Vertical II

martes, 17 de febrero de 2009

Y tus piernas cada vez más largas saben que no puedo volver atrás...


Tu amor se parece a un largo camino iniciado hace tiempo...hace años...hace vidas. Nos hemos cruzado una y mil veces pero solo en el momento indicado nuestros ojos revelaron el momento...ya estaba cumplido...habíamos sufrido y aprendido lo suficiente como para necesitar perderse en un cuerpo que nos entienda, nos ame y nos quite el frío que nos empezaba a invadir...Soledad y entrega...renuncias infinitas...y solo bastó tu mirada para que comprendiera que no podía ya dejarte...y sólo bastó la súplica de tus palabras, para no poder volver atrás...y bastó amarte para comprender que mi cuerpo era tu destino...y bastó entregarme para ser feliz...y bastó recorrerte para perderme definitivamente...
Para vos, aunque no pueda nombrarte...

Eiti Leda
Intérprete: Seru Giran

Quiero verte la cara brillando
como una esclava negra
sonriendo con ganas, nena.
Lejos, lejos de casa
no tengo nadie que me acompañe a ver la mañana.
Y que me de la inyección a tiempo,
antes que se me pudra el corazón.
Ni calienten estos huesos fríos, nena.
Quiero verte desnuda
el día que desfilen los cuerpos
que han sido salvados, nena.
Sobre alguna autopista,
que tenga infinitos carteles que no digan nada.
Y realmente quiero que te rías
y que digas que es un juego no más.
O me mates este mediodía, nena.
Entrando al cuarto,
volando bajo la alondra
ya está cerca de tu cama, nena.
Quiero quedarme, no digas nada
espera que las sombras se hayan ido nena.
No ves mi capa azul
mi pelo hasta los hombros.
La luz fatal
La espada vengadora.
¿No ves que blanco soy, no ves?
¿No ves que blanco soy, no ves?
Quiero quemar de a poco las velas
de los barcos anclados en mares helados, nena.
Este invierno fue malo
y creo que olvidé mi sombra en un subterráneo.
Y tus piernas cada vez más largas
saben que no puedo volver atrás
La ciudad se nos mea de risa, nena.

sábado, 7 de febrero de 2009

Metrópoli.


La histórica película Metrópolis de Fritz Lang, uno de los testimonios fílmicos más importantes del cine mudo y expresionista de los años veinte, comenzó a restaurarse en Alemania para reconstruir su versión original gracias a escenas halladas por casualidad en Buenos Aires.





jueves, 5 de febrero de 2009

El amenazado.


Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz. La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única. ¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras, la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas, la serena amistad, las galerías de la Biblioteca, las cosas comunes, los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo. Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos me cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal, ella no la ha visto.)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.(1)

Jorge Luis Borges.
(1) Jorge Luis Borges."El amenazado", EL ORO DE LOS TIGRES en JLB. OBRAS COMPLETAS. Buenos Aires, EMECÉ Editores, 1974, p.1107