El Mundo de Sandra.

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Sandra Nèlida Pécora Argentina Mujer. Conocida tambièn como La Negra. Se cree que es un extraño personaje escapado de una novela de Garcìa Marquez. Poeta. Se la suele encontrar buscando fantasmas perdidos por Recoleta. O tratando de encontrar aquel verso perfecto en las hojas de los àrboles, en la mirada de algùn niño, en la sonrisa de algùn anciano o en el aroma de algùn pueblito perdido. Sensible, romàntica, apasionada, un poco tràgica y siempre enamorada.
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lunes, 27 de julio de 2009

La ofrenda.

El alma humana es extraña, inescrutable, impredecible. No creo que se pueda anticipar como actuará alguien. No somos inevitables perros de Pavlov. Somos un engranaje complejo de sensaciones, sentimientos, deseos. Somos la refutación perfecta contra el racionalismo, el determinismo o cualquier doctrina o superstición predictiva.

Tal vez por eso jamás comprendí a Marcelo. No era necesario espiarla a Julia como lo hacía, eran amigos. Si le gustaba se lo podría haber dicho. Hasta creo que a ella no sólo no le hubiera molestado sino que hasta le hubiera gustado.

Creo que era una especie de compulsión la de Marcelo. En realidad no me quiero meter en psicología de café, no entiendo nada de esto. Prefiero callar todo tipo de conjetura inútil.

Cada tarde a las cinco y media tomaba un banquito que había comprado especialmente, se dirigía al baño y lo colocaba en la bañera para alcanzar la ventana que funcionaba de ventilación. Daba justo al contrafrente, que a su vez enfrentaba la fachada del edificio de Julia. Desde allí podía mirar directamente la ventana de la pieza de ella. Sabía perfectamente que a esa hora estaba porque Julia llegaba de su trabajo y se preparaba para ir a tomar sus clases de yoga.

La espiaba. La espiaba deseándola. La espiaba deseándola y ella ausente de todo. La espiaba y ella ausente de todo y tranquila se desvestía como disfrutándose. Sentía placer por mirarse, tocarse, conocerse y reconocerse frente a un gran espejo que tenía junto a su cama. Era para ella desde su adolescencia un ritual poblado de música y aromado con sahumerios. Era feliz. Se sentía bien con sigo misma, completa, satisfecha.

Él en cambio no. Su única satisfacción era mirarla. Sin esa imagen la inquietud lo acosaba. Mirarla era el éxtasis, la locura, el deseo. Pero la ausencia de esa imagen deseada era la constante interrogación, la conjetura, los supuestos. El día que no la encontraba era agitador, buscaba excusas para llamar a amigos para averiguar por ella. Era muy cuidadoso, jamás nadie sospechó nada. Otras veces la llamaba a ella o al trabajo o bajaba al jardín para ver el edificio de ella y asegurarse que no estuviera por allí. Si la veía charlando, se ponía furioso e impaciente. Hombre o mujer le daba igual, consideraba que era una descortesía por parte de ella. La estoy esperando y sigue chusmeando. ¿Qué tendrá de importante que decir? Se que alguna que otra vez se cruzó caminando distraídamente, la saludó y se detuvo a charlar. Intentaba boicotear la conversación que llevaba con la otra persona, de manera tal que no le quedara otra cosa que irse a su casa.

Tal vez haya empezado como un juego. Sí, creo que es lo más probable. Pero poco a poco dejó de serlo. Jugaba, me parece, a descubrir secretos. En un principio para tener alguna complicidad con Julia. Luego para tenerla. El saber es poder y él tenía el poder de los secretos de la intimidad. De sus solitarios juegos. Del deleite frente al espejo. De las manos dibujándose tarde a tarde. De la satisfacción. De la felicidad. Anotaba todo, llevaba puntualmente el detalle de todo, nada, ni lo más mínimo que hacía Julia dejaba de estar anotado. Planeaba viajes, trabajos, diversiones, peleas. Tenía en cuenta a cual escuela llevarían a su hija, porque tendrían una sola y mujer, llamada Julia también. Me gusta que se llame igual que vos, pero nada de tener parejita, con la niña sola nos basta, para qué más. Además, aquí, el único hombre soy yo. ¿Me entendiste? Quiero que tenga una educación muy estricta, debemos anotarla en ingles y también en algún deporte. ¡No! Mejor la danza, deporte y arte unidos. Tiene tu mismo cuerpo y mi inteligencia, es una pena que no lo trabaje. No como hicieron los idiotas de tus padres que no pusieron ningún interés en vos. Sos una mediocre por eso…podrías haber llegado a más…pero los muy bestias no tienen cultura. Nuestra hija será distinta y vos no harás nada para arruinarla. Sos solo la tierra, yo la semilla y el tutor… callate putita y seguí en lo tuyo, yo me encargo de la nena.

Otra tarde y otra tarde, ahí estaba, como siempre, cada vez más impaciente. - ¡Cómo se toca! Se saca la ropa como jugando. La muy puta sabe que la miro… ¿lo hará para otro? Sí, es una perra, lo hace para otro y me lo hace a propósito, porque sabe que la miro. ¿Cómo lo supo? Sí… ¡por favor! ¡tocate! ¡Así! No…no…más suave…dibujate…sentite….Perdido en la obsesión comenzaba a frotar su pene mecánicamente. Se masturbaba con compulsión. Necesitaba de la excitación de la imagen de Julia como de una droga.

Ella ignorante de todo…

Una extraña danza se gestaba en el aire entre uno y el otro. Bailaban el disfrute, el goce, el odio, el deseo, el amor. Pero lo extraño era que las parejas no se formaban, disputaban una feroz lucha en la mente de Marcelo y se convertían en certezas y verdades, sólo por él comprendidas. Cada tarde la amaba y cada tarde la odiaba. Lo que era antes una distracción se convirtió en una verdadera cárcel. No dormía por las noches, la soñaba. Volvía a verla, volvía a insultarla, volvía a tocarse, volvía a amarla. Le dolía el cuerpo. Sí. Ya Julia le dolía, la necesitaba vital y urgentemente.

Cuando se perdía en sus fantasías, repasaba en su mente cómo iba a tratarla. Unas veces suavemente se pensaba rozándola, adorándola como a una diosa. En otras ¡la muy puta, tiene que saber quien manda! por eso la tomaba de los cabellos, los tiraba hacia atrás, le mordía los labios, el cuello, las tetas. Le pegaba, le pegaba. Le seguía pegando hasta que pedía por favor que la perdonara, que nunca más lo traicionaría. Después lloraba. Lloraba amargamente. Lloraba amargamente, como un niño desconsolado. Le pedía perdón. Le juraba que nunca más lo haría. Le secaba la sangre del rostro. Entonces ella lo besaba. Le besaba los ojos. Le besaba los labios. Le besaba el cuello. Le besaba las orejas. Le besaba los pies. Le besaba el pene hasta hacerlo estallar como un volcán ardiente. Luego se dormían abrazados. Era cuando despertaba o dejaba de fantasear o…

O no se qué le pasaba, ni él tampoco. Ya no distinguía la realidad de sus sueños. Ya no había vísperas para por fin mirarla. La mirada se transformó en eterna. Cubría cada segundo de su vida.

La necesitaba. Amargamente la necesitaba. Esto era algo que ¡no lo podía permitir! ¿Si fuera de otro? Es de otro. Seguro que la ramera es de otro. Pero ¡no puede serlo! Sólo yo la amo como ella se lo merece. ¿Y nuestra hija? ¿Le importa? ¿Cómo se irá con otro? A ¡no! La nena es mía. No puede hacernos esto! ¡No puedo permitirlo! No se lo podés permitir Marcelo, ¿me entendés? Tenés que hacer algo. Imaginate que no es posible que desprecie todo lo que tenés planeado para ellas. Tanto esfuerzo, tanto sacrificio. ¡Algo tenés que hacer! ¿Pero qué hago, decime qué hago? Tenés que liberarte de Julia.

Las voces se multiplicaban en su interior. Era habitado por miles de demonios. Cada uno le sugería distintos caminos. Todos tortuosos. Todos infernales.

Esa tarde no tomó el banquito ni fue al baño. Pasó por la cocina, tomo un cuchillo y una bolsa que tenía preparada. Salió de su departamento, cruzó el parque, caminó hacia el edificio de Julia. Estaba el portero baldeando y como lo conocía pudo entrar sin problemas. No quiso utilizar el ascensor. Subió lentamente los cinco pisos que lo separaban del ella. Deslizó su mano hasta su espalda y extrajo un cuchillo que tomó en su casa antes de salir.

Toco el timbre. Se abrió la puerta.

Lo que sigue fue una carta, el cuaderno donde anotó todos los actos vividos, un ramo de flores, unas alianzas, sangre derramada sobre el umbral y los gritos aterradores de Julia al ver el cuerpo de Marcelo tirado con el cuchillo en el cuello. Como una ofrenda. Sin vida. Libre ya de Julia.
La Negra




miércoles, 15 de julio de 2009

Cosas extraña....

Hay cosas extrañas, es verdad. Lo que nunca me resulta extraño es el cariño de Ignacio, un muy querido amigo. Una nueva muestra la comparto con uds. un bellísimo poema a mí dedicado.


Nunca hemos bailado. Es más, nunca nos hemos mirado a los ojos. Sin embargo, no dudo de que existe entre nosotros una gran amistad y tus constante signos de lealtad lo demuestra.



A pesar de las dificultades de comunicación, hija del pesar de los pesares, siento que nuestro diálogo no se ha terminado y que los códigos que caracterizan nuestra comunicación siguen vigentes.



Cercanos al día del amigo, agradezco a la vida que me haya brindado un amigo como voz.



Nuevamente gracias y comparto con el resto de mis amigos este bellísimo poema.








COSAS EXTRAÑAS.



Para Sandra Pecora



Si pudiéramos bailar al son de una triste
canción, recordaré que en algún momento
será la muerte quién como tú, reclinará su cabeza
sobre mi hombro.
Cómo me antojo de ti y de la noche, pero qué
larga será esa otra noche que con pena
te menciono, mientras hoy suena la extraña
música de la vida.
Las palabras, como las flores se marchitan, pero
hoy como una flor brilla en color tu nombre.
Mas la noche extraña a la luna, que no nos vio
amar en la plenitud de la noche y del canto.
Llené mis manos de pétalos y de arena
destinados al eterno abismo y en el aro de tú
cintura palpita y baila la vida y yo te sigo
muriendo de amor, muriendo de deseo
…muriendo.
Yo quisiera que la magia de tu música durara
siempre, pero sé que luego de su alegría
vendará la infinita soledad de tu anunciada
ausencia.
Y serás rio, y serás mar y serás olas
y al final… la elipse fatal del tiempo.
Pero ahora eres música, y baila la vida,
y me llamas al son de esta extraña alegría.


Ignacio

sábado, 11 de julio de 2009

Muestra del artísta plástico Alejandro Fornieles.

En el pabellón de Derecho de la Universidad Nacional de La Matanza (La Matanza, Prov. De Buenos Aires, Argentina), se realiza desde el 1 de julio y hasta el 5 de agosto, la muestra del artista plástico argentino Alejandro Fornieles, denominada “Fronteras Terrenas”.

Consultado sobre los alcances de su obra Fornieles nos cuenta que “esta realización tiene como objetivo llevar a cabo por medio de la utilización de distintas técnicas de experimentación una conexión entre la pintura gestual y la espontánea. Haciendo uso de mis conocimientos formales con respecto al manejo del color y su implementación racional académica.”




La contemplación de sus once pinturas (un díptico y tres trípticos) nos transporta por una atmósfera de movimiento, en donde la línea nos va enmarcando los distintos escenarios que el autor quiso representar- “El espacio elegido siempre es atmosférico, lo cual da un aspecto figurativo a la obra, dentro de la abstracción.”

Si bien Fornieles busca la espontaneidad de las formas, el color está cuidadosamente tratado dentro del equilibrio armónico específicamente buscado.

Nos cuenta que siempre intenta que “predomine la investigación de aspectos de la composición como el espacio, el ritmo y el equilibrio, explorando la armonía así como el caos, en los momentos que la experimentación lo requiera”.

Precisamente este caos es el que trata de desestructurar al espectador, llevándolo desde coloridos prados en el tríptico “Campos de esperanzas”, hasta violentos gestos como los que encontramos en el díptico “Guerra de fronteras”.




Alejandro Fornieles es egresado del I.U.N.A. (Instituto Universitario Nacional de Arte) y como tal teoriza a través de su obra: “busco el contraste tonal por medio de fondos desaturados para lograr que las manchas de color puro resalten en protagonismo con respecto a la atmósfera de grises de color formados accidentalmente en la tela”.

Fornieles es un representante del arte plástico contemporáneo con raíces eminentemente argentinas.


La Negra